François Dehoux sondea. Con minuciosidad, tantea el terreno para convertirlo en experiencia sensible, incluso carnal. Él se hunde con deleite a buscar esta matriz, resaltar con sus obras lo que él percibe desde el otro lado, la superficie. Perturbando el mundo subterráneo, frega lo invisible, con sus falanges y sus uñas. Su producción sigue un principio de extracción, sacando las formas desde las profundidades hacia la luz. El impulso revelador se acerca del proceso fotográfico. Bajo el sol, el tiempo y el espacio se ofrecen a él siendo maleables, para darles mejor forma según las raíces que encontrará. Pese a que él vagabundea mucho, esa relación con el suelo determina una lógica: la de siempre anclar la creación de sus esculturas en algún lugar. Cuando se detiene, excava. Su biografía demuestra odiseas a través del país, viajó por Francia impulsado por un deseo de aprender haciendo. Así, recibió capacitación en talla de piedra en Drôme, en construcción en Alta-Loira, en carpintería y armazón en los Alpes, en horticultura en Sologna, en zapatería en Loira, en ganadería biológica de cabras en el Jura, de vacas en Ardèche y luego en Suiza, así como en paisajismo en Alta-Saboya. Sin olvidar los varios proyectos de construcción que llevó a cabo por montes y valles. Ahora, su actividad artística está duraderamente fundada por esas experiencias de artesano, enmarcadas por una formación académica en artes aplicadas en primera instancia, y luego en artes visuales. Lo que consideró esencial para emanciparse de la mera ejecución práctica. Todo esto despierta algunas pasiones, Arts & Crafts al servicio del gesto bello.  Eso sin la fascinación por el progreso del capital.Porque François Dehoux a veces prefiere dar la espalda a los asuntos humanos. Y despuées de haber hecho su hueco, justo antes de irse, planta algunas semillas. Tendremos aquí perejil, perifollo y zanahorias.

Joël Riff, 2020
texto escrito por el solo show Apiaks, despues la résidencia a Moly Sabata